Nurdebof
Arte abstracto
05/10/2026
En verano, hacer cabañas en el bosque era uno de nuestros pasatiempos preferidos. Lo vivíamos con auténtica pasión. Podíamos pasar horas escogiendo el lugar, buscando ramas, pensando cómo sujetarlas y decidiendo qué tendría aquel pequeño refugio.
Pero una cabaña no era solo una construcción. Era un lugar secreto, un espacio propio y, sobre todo, la puerta de entrada a un mundo que acabábamos de inventar.
La cabaña del bosque nace de ese recuerdo y de la capacidad que tenemos durante la infancia para transformar cualquier rincón con la imaginación. Porque, cuando eres niño, unas cuantas ramas pueden convertirse en un universo entero.
Una nueva pieza de La niña que fui, la madre que soy, una colección sobre los veranos que viví, los recuerdos que todavía permanecen en mí y todo aquello que ahora deseo transmitir.
Si quieres más información escríbeme por directo. ✨🩵
25/09/2026
En verano, el tiempo parecía funcionar de otra manera.
No pensabas a qué hora volverías a casa ni cuándo te irías a dormir. Te quedabas hasta tarde con tus primos y amigos, alargando los juegos y las conversaciones porque no había prisa, obligaciones pendientes ni nada esperándote después.
Solo importaba aquel momento.
En No hay hora de vuelta he querido transmitir esa sensación tan propia de la infancia: la libertad de no mirar el reloj, de vivir el presente y sentir que el tiempo era completamente tuyo.
Una nueva pieza de La niña que fui, la madre que soy, una colección nacida de los veranos que viví y de todos aquellos recuerdos que todavía permanecen en mí.
No hay hora de vuelta
Técnica mixta sobre tela con imprimación transparente: acrílico y óleo en barra.
Bastidor de madera.
114 × 146 cm.
13/09/2026
“Dos en una bicicleta”
En verano íbamos en bicicleta a todas partes. No importaba demasiado cuál era la tuya: cogías la que encontrabas y salías corriendo. Nadie se preocupaba y todas terminaban volviendo, tarde o temprano, a su lugar.
Recuerdo la velocidad, el viento en la cara y esa sensación de libertad absoluta que solo existe durante los veranos de la infancia. A veces íbamos solos; otras, dos en una bicicleta y, si hacía falta, hasta tres. Lo importante era avanzar, llegar hasta el siguiente juego y no perder ni un minuto del día.
Esta obra forma parte de mi colección de 2026, “La niña que era, la madre que soy”, pintada en Ventolà. Una colección que nace de los recuerdos de los veranos que vivió mi madre, de los que viví yo y de todos aquellos que ahora deseo que también viva mi hijo.
Porque hay lugares, juegos y pequeñas aventuras que pasan de una generación a otra. Y quizá eso sea también la infancia: una forma de libertad que permanece en nosotros para siempre.
Si quieres conocer más detalles sobre esta obra, escribe la palabra COLLECTOR.
13/09/2026
“Dos en una bicicleta”
En verano íbamos en bicicleta a todas partes. No importaba demasiado cuál era la tuya: cogías la que encontrabas y salías corriendo. Nadie se preocupaba y todas terminaban volviendo, tarde o temprano, a su lugar.
Recuerdo la velocidad, el viento en la cara y esa sensación de libertad absoluta que solo existe durante los veranos de la infancia. A veces íbamos solos; otras, dos en una bicicleta y, si hacía falta, hasta tres. Lo importante era avanzar, llegar hasta el siguiente juego y no perder ni un minuto del día.
Esta obra forma parte de mi colección de 2026, “La niña que era, la madre que soy”, pintada en Ventolà. Una colección que nace de los recuerdos de los veranos que vivió mi madre, de los que viví yo y de todos aquellos que ahora deseo que también viva mi hijo.
Porque hay lugares, juegos y pequeñas aventuras que pasan de una generación a otra. Y quizá eso sea también la infancia: una forma de libertad que permanece en nosotros para siempre.
Si quieres conocer más detalles sobre esta obra, escribe la palabra COLLECTOR.
03/09/2026
Hoy quiero contaros un poco más sobre “Ir a ver las estrellas”.
Cada una de las piezas de esta colección nace de un recuerdo concreto de mis veranos en Ventolà, de los que vivió antes mi madre y de los que ahora deseo para mi hijo.
Esta obra habla de aquellas noches de agosto en las que salíamos a contemplar las Lágrimas de San Lorenzo. Un recuerdo sencillo que, desde que soy madre y veo a mi hijo disfrutar del mismo lugar en el que yo fui niña, ha adquirido un significado mucho más profundo.
Durante las próximas semanas iré enseñándoos, poco a poco, todas las piezas de la colección y compartiendo la historia que hay detrás de cada una.
La niña que era, la madre que soy.
Una colección de expresionismo abstracto que trata sobre volver, mirar de nuevo y reconocer cuánto de nosotros permanece en los ligares que nos vieron crecer, incluso cuando regresamos a ellos siendo ya personas distintas.
Si quieres tener acceso a toda la colección escribe la palabra Colector y te mando el enlace a la plataforma que he creado, donde encontrarás toda la información y detalles.
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