Pablo Cafetero

Pablo Cafetero

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En busca del bienestar social y de las políticas públicas accesibles.

13/08/2026

¿Celulares en disputa en los centros escolares?

Durante estas horas se ha vuelto tendencia la nota sobre si se aprobará o no el uso de celulares dentro de los planteles escolares. Efectivamente, es una realidad y, a la vez, pareciera una broma, porque sabemos que es una de las herramientas más utilizadas —por no decir explotadas— entre los docentes. Y es que, más que un uso personal, en muchas ocasiones se ha convertido en una herramienta de absoluta demanda laboral.

Todo mundo sabe que, un dispositivo móvil personal es un arma de dos filos, puede ser la herramienta perfecta para tener todo al alcance de un clic en beneficio de la cátedra, pero también puede convertirse en una distracción y hacer perder tiempo efectivo. Ahí, cada persona sabe el uso que le da a su celular y, de igual manera, la autoridad sabe quién lo utiliza de manera equilibrada y quién no.

Entre sus usos laborales están:
• Mantener comunicación con padres y madres de familia ante algún incidente, suceso o enfermedad de un menor.
• Contestar encuestas, llenar formatos, subir documentación y comprobar evidencias.
• Mantener abiertos los canales de comunicación mediante grupos de WhatsApp y atender indicaciones con prontitud, bajo el argumento de que somos servidores públicos.
• ⁠Para compartirse datos e enriquecer las clases, ya que muchas escuelas no tienen internet o están escasos para todo el plantel
• ⁠ Porque simplemente las escuelas ya no tienen teléfono fijo o no es suficiente.
• ⁠Entre otras más.

Lamentablemente, estos requerimientos vienen en cascada y, muchas veces, quienes propician estas dinámicas digitales son precisamente las autoridades inmediatas, cuando deberían ser ellas las primeras en poner el ejemplo.

Por una parte, veo la posible regulación del uso del celular como un alivio. Quizá, de esta manera, dejemos de estar obligados a permanecer pegados a un dispositivo para mantenernos en contacto con el exterior de viceversa, sobre todo, para atender asuntos laborales que deberían tener horarios y canales definidos, pero fuera de un trabajo ya es tiempo personal y privado, lamentablemente, más que maestros, ya somos servidores públicos, cuando en todos los demás servicios, marcan límites de horarios y atención.

Mucha gente, al leer notas como estas, sataniza la labor docente y rápidamente se convierte en experta opinando al respecto. Lo que no visualizan, es que un celular se ha convertido en una herramienta docente fundamental más que de uso personal al servicio y comodidad de los usuarios.

Por ahí leí una nota en la que se dice que, el espacio donde no debería usarse del celular es durante los recreos, para mantener un rol activo con los estudiantes. Error, si es el lugar donde más sucesos pasan y hay que estar alertas para llenar actas y notificar a las familias de lo que pase. Las guardias, cada vez más, parecen estar orientadas a una vigilancia extrema de lo que sucede dentro y alrededor de las escuelas, precisamente para evitar señalamientos, quejas y posibles sanciones.

Entonces, esperemos a que lleguen nuestras autoridades y sean ellos quienes nos indiquen sus reglas de los roles educativos, sólo esperemos que, no tengan la ocurrencia y digan “el celular durante la jornada escolar no, busquen espacios para atender lo que siempre han hecho fuera de sus horarios establecidos”

Así que es una situación que hay que ver más allá de lo que se dice en medios o en los mismos medios tempraneros, si es indispensable el celular, pero es más fácil quitar cosas y meter programas en las escuelas, al final el profesorado puede eso y más. Así que, el celular si es una herramienta de trabajo que hemos usado y al docente se le ha impuesto para lo que les conviene como herramienta alterna, pero ahora se está manejando como una nueva medida de regulación necesaria.

Mejor deberían aplicar la estrategia que usan las empresas u otros trabajos, si el patrón no proporciona lo que se necesita, se trabaja con lo que se puede.

La disyuntiva está sobre la mesa, docencia y alumnado traerá o no dispositivos en los centros educativos. Al final la docencia tiene vocación y corazón, siempre pone de más por la educación.

07/08/2026

Scooters y patines eléctricos en Colima, operan libremente pero sin legalidad vehicular.

Es importante revisar lo que dice la Ley de la entidad, el cual, se comparte la liga al final del texto. Hay un punto importante: sí existe un artículo que habla expresamente de los vehículos que pueden portar placas, y otro que establece la regla general para circular y es el Artículo 142. En el numeral 1 (p. 110) dice que, las placas metálicas y tarjetas de circulación corresponden a los diferentes tipos de servicio que prestan: automóviles, autobuses, camiones, motocicletas y remolques.

Pero hay otro artículo todavía más importante: Artículo 141 en su numeral 1 (p. 109-110) y establece que: los vehículos automotores de cualquier tipo o clase, según sea el caso, para poder circular dentro del territorio del Estado, deberán estar inscritos en el Registro Público Vehicular y portar placas de circulación vigentes al frente y en la parte posterior, además de tarjeta de circulación, calcomanía fiscal, hologramas de revisión, etc. Esto es muy interesante porque la redacción dice “vehículos automotores de cualquier tipo o clase”, no solamente automóvil.

Y ¿dónde quedan las motos eléctricos, porque los carros eléctricos si tienen placas?

La Ley de Movilidad de Colima sí contempla expresamente a las motocicletas eléctricas y lo dice en su Artículo 7, fracción LXII, donde define el término motocicleta como: un vehículo motorizado que: utiliza manubrio para su conducción, con dos o más ruedas, y que está equipado con motor eléctrico o de combustión interna, es decir, una motocicleta no deja de ser motocicleta por ser eléctrica.

El detalle actual está en que en Colima, ya hay demasiadas unidades pequeñas eléctricas y se ha vuelvo un tema peculiar porque utilizan tanto banquetas como bicicletas tradicionales y también usan calles y avenidas como si fueran vehículos y motos convencionales. Revisando el PDF, hay una diferencia importante entre una bicicleta eléctrica/asistida, una motocicleta eléctrica y un scooter o patín eléctrico.

La propia Ley distingue a la bicicleta eléctrica, en el artículo 13, fracción XX (p. 10), la Ley dice que se considera ciclista a quien conduce una bicicleta asistida por motor eléctrico siempre que desarrolle hasta 25 km/h. Eso significa que, una bicicleta eléctrica de esas características no necesariamente entra al régimen de motocicleta y placas.

Por eso no podemos simplemente decir “como tiene motor eléctrico, necesita placas.” Primero hay que determinar jurídicamente qué tipo de vehículo es. Una motocicleta eléctrica sí es otra cosa, pero… independientemente de la forma o tipo, si van a más de 10km son un peligro y si van a menos kilometraje también. Son unidades pequeñas que casi no se ven, tanto para alguien que va en una moto, carro o camión y también para quien es peatón.

La tecnología evolucionó más rápido que la clasificación de la Ley de 2017 y La Ley reformada hasta marzo de 2023 queda rebasada, porque todavía encontramos categorías como bicicleta y motocicleta sin una categoría moderna y específica de “vehículo de movilidad personal eléctrico”. Por lo tanto, un vehículo pequeño, silencioso y difícil de percibir por otros usuarios de la vía es una medida versátil de movilidad pero, no deja de ser un factor de riesgo simplemente porque su velocidad máxima sea baja.

Por tanto, dejo el siguiente cuestionamiento, porque la ley nos deja a deber ante las nuevas unidades que hoy en día ofrece el mercado y no hay reglamentación para ellas:

¿Debe permitirse que una unidad motorizada que circula en calles y avenidas, interactúa con automóviles, motocicletas, camiones y peatones, y puede causar daños a terceros, circule sin ningún mecanismo visible de identificación?

No es que a la autoridad no le importe el tema en cuestión, sino que, probablemente hay una mezcla de rezago normativo y falta de presión para actualizarlo y hay 4 probables razones por las cuales todo sigue igual hasta el momento: la tecnología apareció más rápido que la legislación, regularlos implica decidir quién los controla, existe una tensión entre movilidad sustentable y que el problema se vuelve visible cuando ocurre un accidente. Por lo tanto, estoy seguro que, estos vehículos seguirán circulando sin placas porque no ha habido incidentes graves y no hay suficiente presión política para modificar la legislación.

LEY DE MOVILIDAD SUSTENTABLE PARA EL ESTADO DE COLIMA. Última reforma DOF 11 DE MARZO 2023.
Link:https://autoridadesdemovilidad.org/wp-content/uploads/2024/07/6_Colima_LeyMovilidad_2017.pdf

07/08/2026

Ahora se argumenta que, en las escuelas, las escoltas ya no se elegirán por ser las mejores sino rotativas por el tema de la “inclusión”. Bueno, ya me vi rotándole mi puesto a los altos funcionarios para que cambien su visión hacia el magisterio y sean verdaderamente “inclusivos”.

03/08/2026

Y recuerden, las escuelas públicas no se sostienen solas, el recurso está repartido entre las familias.

03/08/2026

Luna de día

28/07/2026

Cartón del día: Realidades educativas

“Hoy el docente vive entre dos miedos: el de lo que ocurre dentro del aula y el de lo que puede venir desde afuera. La jaula ya no solo está hecha de barrotes, sino también de incertidumbre, desprotección y temor.”

28/07/2026

Realidades educativas

Hablar de educación desde un escritorio resulta sencillo. Vivirla todos los días dentro de un aula es otra historia.

Cuando un docente solicita material indispensable para trabajar, la respuesta casi siempre es la misma: “no es posible”, “no hay recursos” o “no está contemplado”. Sin embargo, cuando decide comprarlo con su propio dinero para que sus alumnos(as) no se queden sin aprender, tampoco existe la posibilidad de recuperar ese gasto. Pareciera que ser maestro implica resolverlo todo con creatividad, ingenio y sacrificio personal.

El docente se ha convertido en una figura extraordinaria, no porque así lo haya pedido, sino porque las circunstancias lo obligan a multiplicar los recursos que no existen, a gestionar apoyos, a convencer a las familias y a buscar soluciones donde aparentemente no las hay. Muchas madres y padres colaboran de corazón y entienden que la educación de sus hijos es una responsabilidad compartida. Otros, aun recibiendo distintos apoyos gubernamentales, consideran que la escuela debe resolverlo absolutamente todo, olvidando que ni los planteles ni los maestros reciben esos recursos de manera directa.

También es triste cuando un directivo carece de visión para gestionar alianzas con instituciones, empresas o dependencias que puedan fortalecer a la escuela. Aunque es cierto que muchas veces sus posibilidades también son limitadas por la burocracia y la falta de apoyo de las autoridades superiores, un liderazgo que gestiona siempre marca la diferencia.

Resulta inevitable cuestionarse las prioridades cuando, año con año, se afirma que no existe presupuesto suficiente para mejorar las condiciones de las escuelas o reconocer el trabajo del magisterio. Las propuestas para fortalecer la educación suelen quedarse en promesas o en mesas de negociación de las que pocas veces surgen resultados concretos. Mientras tanto, continúan apareciendo diversos programas sociales que, sin dejar de ser importantes para quienes los necesitan, contrastan con el abandono que viven miles de escuelas públicas.

Hoy observamos esfuerzos por mejorar las condiciones salariales de distintos sectores del servicio público, lo cual es positivo y justo. Sin embargo, también es válido preguntarnos por qué el trabajo docente, que forma a las futuras generaciones y transforma comunidades enteras, continúa esperando un reconocimiento acorde con la enorme responsabilidad que implica. Ser maestro no consiste únicamente en impartir clases; significa orientar, gestionar, acompañar, escuchar, resolver conflictos, atender necesidades emocionales y construir ciudadanía todos los días.

De la misma manera en que a los docentes se nos exigen evidencias, resultados, planeaciones, evaluaciones y rendición de cuentas, también debería fortalecerse la corresponsabilidad de todos los actores educativos. La Nueva Escuela Mexicana habla de una participación activa de las familias, pero esa corresponsabilidad debe reflejarse en acciones concretas y no solamente en documentos. Asimismo, las autoridades educativas deben vigilar con la misma firmeza las prácticas de favoritismo, los privilegios, la simulación y las decisiones que premian la comodidad por encima del compromiso, porque esos vicios también existen y afectan profundamente a las escuelas.

Resulta doloroso escuchar que los padres de familia no deberían aportar absolutamente nada a las escuelas cuando, en muchas ocasiones, esos pequeños apoyos permiten resolver necesidades básicas que ningún presupuesto cubre. Es preocupante que se normalice exigir al docente salir a buscar alumnos que han abandonado las aulas, como si esa responsabilidad dependiera exclusivamente de él. Y es aún más lamentable cuando un maestro es víctima de agresiones, ya sea por parte de otros compañeros, de padres de familia o incluso de sus propios estudiantes.

Sí, existen malos docentes, como los hay en cualquier profesión. Negarlo sería irresponsable. Pero también es cierto que el magisterio es uno de los gremios más observados, evaluados y regulados del servicio público. Cada decisión, cada documento y cada acción están sujetos a normas, lineamientos y supervisiones constantes. Mientras tanto, muchas otras responsabilidades que también influyen en la educación parecen transitar con mucha mayor libertad y con menores consecuencias cuando incumplen.

Esta no es una queja. Es un llamado a mirar la educación con honestidad. A reconocer a ese maestro que pone dinero de su bolsillo para que un(una) alumno(a) tenga material; al que llega antes de su horario y se va mucho después; al que escucha problemas familiares, alimenta esperanzas y sigue creyendo que la educación cambia vidas, incluso cuando las condiciones parecen decir lo contrario.

Es también un reconocimiento para quienes, pese al desgaste, no entregan solamente el cien por ciento, sino mucho más. Para quienes continúan preparándose, innovando y defendiendo la dignidad de una profesión que merece mucho más que aplausos ocasionales. La educación seguirá siendo el motor del desarrollo de cualquier sociedad, pero difícilmente podrá transformar un país si quienes la sostienen todos los días continúan trabajando con recursos insuficientes, escaso reconocimiento y una carga de responsabilidades que parece no tener límite.

Porque al final, cuando una escuela funciona, casi nadie pregunta cuánto sacrificio hubo detrás. Pero quienes vivimos la educación desde dentro conocemos perfectamente la respuesta.

27/07/2026

Hay un fenómeno educativo: están dejando que todo lo resuelvan las escuelas bajo la NEM, pero les están otorgando todas las facilidades y facultades a las familias mexicanas.

25/07/2026

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