Pocho Rospigliosi
Es una página "Homenaje a Pocho Rospigliosi".Periodista deportivo.
Fue uno de los más destacados periodistas deportivos de la historia peruana. 23-3-1930+14-10-1988.
1964 Fundó su programa Ovación de Radio El Sol. 1973 fundó la Revista Ovación. 1980, fundó el programa Gigante Deportivo.
13/09/2026
DIDI, UN AMIGO QUE EL FÚTBOL LE REGALÓ A POCHO
Hay artículos que uno lee como información y otros que, tantos años después, se convierten en una ventana hacia la vida de quien los escribió. Este, para mí, es uno de ellos.
Mi papi conoció personalmente a Waldir Pereira, el gran Didi, desde aquellos años en Brasil. Pocho había llegado muy joven, como periodista deportivo peruano, y desde entonces Brasil, sus estadios y sus futbolistas ocuparon un lugar importantísimo en su vida. Didi jugaba por entonces en Fluminense y aquella relación que empezó alrededor de una cancha terminó convirtiéndose en una amistad que resistió los años y las distancias.
Décadas después, en 1975, Pocho volvió a buscarlo en Río de Janeiro para OVACIÓN. Y al leer estas páginas siento que no fue simplemente a entrevistarlo. Fue a reencontrarse con un amigo. Eso se nota en cada línea.
Hablan de Perico León, Chumpitaz, Baylón, Gallardo, Sotil, Cubillas, de la Bombonera, de México 70, de la selección peruana que Didi dirigió y de tantos episodios que ambos habían vivido muy de cerca. Didi recuerda nombres, jugadas, conversaciones, preocupaciones y hasta momentos ocurridos dentro de una concentración. Y mi papi hace lo que siempre le gustó hacer: dejar hablar al personaje hasta que aparezca el ser humano detrás del futbolista o del entrenador.
Hay una parte que me emociona especialmente: comprobar cuánto Perú quedó dentro de Didi. Habla del Perú con cariño, recuerda a “sus muchachos”, la disciplina, el comportamiento de aquel grupo y vuelve una y otra vez a esos años maravillosos que terminaron llevando al Perú al Mundial de México 70.
Y también está la Bombonera.
Para Pocho y para Didi aquel Perú-Argentina de 1969 nunca fue un partido cualquiera. En estas páginas aparecen nuevamente Chumpitaz, Cachito Ramírez, Perico León, los nervios, la preparación y aquella noche que quedó para siempre en la memoria del fútbol peruano.
Leyendo este artículo entiendo por qué a mi papi le gustaba tanto volver sobre sus recuerdos, sobre los que escribía.
Había estado allí. Había conocido a esas personas, había compartido mesas, aeropuertos, estadios, alegrías y preocupaciones con ellas.
Y quizá por eso sus entrevistas, tantos años después, siguen teniendo vida.
Para mí son un pequeño tesoro: vuelvo a escuchar a mi viejo conversando con un viejo amigo y, por unos minutos, siento que los dos siguen allí, hablando interminablemente de fútbol y del Perú.
Gracias, papi, por haber dejado escritas tantas conversaciones que hoy nos permiten volver a encontrarte.
Un beso al cielo papi.
12/09/2026
Un poquito de mi…
EL DÍA QUE MARACANÁ LE ENSEÑÓ A MI PAPI POCHO UNA LECCIÓN PARA TODA LA VIDA.
Hay partidos que un periodista cubre y olvida. Hay otros que se quedan viviendo dentro de él para siempre.
Para mi viejo, la final del Mundial de 1950 fue uno de esos días.
Brasil y Maracaná esperaba una fiesta. Prácticamente todo parecía preparado para que el dueño de casa se proclamara campeón del mundo.
Ahí les cuento,Pocho tenía, su propia batalla para llegar hasta allí, al famoso Maracaná.
Mi viejo estaba lesionado, con la pierna inmovilizada, caminaba con muletas y su cámara fotográfica. Durante el campeonato había podido ingresar al Maracaná con ayuda y observar los partidos cómodamente. Pero, la víspera de la gran final, llegó la noticia que para él debió ser devastadora:
—Pochito, mañana es imposible llevarte. No podrás entrar.( le dijeron los de la ambulancia)
Para mi viejo con 20 años que había viajado hasta Brasil para vivir su primer Mundial, quedarse fuera precisamente de la final era impensable. Y Pocho hizo lo que tantas veces haría después en su vida: buscó otra puerta.
Se dirigió al lugar donde se encontraba concentrada la selección uruguaya. Para ellos no hubo inconveniente. Podía acompañarlos al estadio y permanecer, con sus muletas, junto a la delegación. Así terminó Pocho viajando hacia Maracaná en el mismo ómnibus de Uruguay.
Durante aquel trayecto escuchó las conversaciones del técnico Juan López Fontana y de los hombres que horas después protagonizarían una de las mayores hazañas de la historia del fútbol.
Quizá allí comenzó la primera sorpresa. Uruguay no viajaba al Maracaná pensando simplemente en cumplir. Aquel equipo creía que podía competir.
Después ocurrió lo que parecía imposible. Brasil se adelantó. Maracaná empezó a vivir la fiesta que todos habían imaginado. Pero Uruguay empató con Schiaffino y, más tarde, Ghiggia marcó el 2-1.
Y entonces Pocho conoció algo que repetiría durante toda su vida cuando recordaba aquella tarde:
el silencio de Maracaná.
Más de doscientas mil personas y, de pronto, un estadio casi mudo.
Los uruguayos salieron hacia los camarines. Y en medio de aquella locura ayudaron a aquel joven periodista peruano que estaba allí con sus muletas.
No había una gran celebración preparada. No habían llegado al estadio con una fiesta organizada ni convencidos de que horas después tendrían la Copa del Mundo en sus manos. Y allí, en medio de aquella incredulidad, apareció Jules Rimet con el trofeo.
Pocho había llegado al estadio como periodista. Creo que salió de allí con una de las lecciones más importantes de su vida: en el fútbol nada está escrito.
No importa cuántos crean conocer el resultado.
No importa quién sea el favorito.
No importa lo imponente que sea un estadio ni cuántas personas estén esperando una celebración.
El periodista tiene que estar allí, mirar, escuchar y esperar hasta el último minuto.
Quizá por eso aquel Mundial nunca abandonó a mi padre.
Veinticinco años después, en 1975, regresó al Maracaná. Esta vez buscó a Moacyr Barboza, el arquero brasileño que había cargado durante años con el peso de aquella derrota.
Y ocurrió algo maravilloso.
Barboza llevó a Pocho hasta el mismo arco y le señaló el lugar exacto:
“Por aquí… por aquí mismo…”
Le explicó cómo vio venir a Ghiggia, qué pensó que haría y cómo aquella pelota terminó entrando junto al poste.
Veinticinco años después, Pocho volvía al lugar donde había aprendido aquella enorme lección.
Ahora ya no era solamente aquel muchacho de muletas y cámara fotográfica.
Era un periodista que llevaba un cuarto de siglo contando fútbol.
Y regresaba al Maracaná para escuchar, del hombre que había vivido el gol desde el arco, la historia de “el gol más trascendental de todos los tiempos”.
Yo crecí escuchando esta historia en casa. Mi padre la contaba conversando con periodistas uruguayos, argentinos y chilenos. No sé cuántas veces la habré oído.
Ahora comprendo por qué nunca se cansaba de contarla.
El Maracanazo no fue solamente un partido que Pocho presenció.
Fue una lección que lo acompañó durante toda su vida.
Lucy,un beso al cielo a mi viejito.
11/09/2026
Gracias Paco Villanueva por compartir este video.
1969. Escucho esta grabación y cierro los ojos.
Está la voz de mi papi, está el fútbol, está aquel Perú que esperaba, sufría, gritaba y soñaba alrededor de una radio.
Han pasado tantos años, pero hay sonidos que no envejecen.
Para mí, este es uno de ellos.
Quizás porque en aquellos días el fútbol consiguió algo extraordinario: unirnos. No importaba dónde estábamos ni de qué club éramos. Éramos simplemente peruanos esperando que nuestra selección volviera a un Mundial después de tantos años.
Y allí estaba Pocho.
Comentando, sufriendo, emocionándose seguramente tanto como quienes lo escuchaban.
Hoy, viviendo tan lejos del Perú, escuchar nuevamente su voz tiene para mí un significado todavía mayor.
No escucho solamente a un periodista deportivo.
Escucho a mi papi. Escucho mi infancia. Escucho al Perú.
Y por unos minutos siento que todos volvemos a estar juntos alrededor de aquella radio.
Argentina 02 Perú 02 (1969) Elim México 70 con audios de (RADIO EL SOL) Recordamos aquel partido histórico en que la Selección Peruana elim...
11/09/2026
Sudamericano de 1955.
Llevó como título:
“Perú… Perú… Perú… Perú… Perúuuu…”
¡Noche del 16 de marzo! ¡Qué grande has sido! ¡Cómo quedarás grabada en el recuerdo!
¡Qué jornada, amigos del Perú! ¡Qué momentos los vividos! ¡Olvidemos un momento la pluma, el deber periodístico, los datos del partido, el enjuiciamiento, el barómetro, el ranking, la coctelera! ¡Olvidémoslo por un instante! ¡Voy a hacer este artículo con la mirada puesta en la bandera rojiblanca que flamea más orgullosa que nunca en el mástil del estadio Nacional de Santiago de Chile! Con la imagen de todo lo hecho por esos peruanos que fueron más peruanos que nunca la noche del empate contra Argentina. Y que jugaron con una calidad extraordinaria. Con la mente fija en el rectángulo verde, donde los ‘cholitos’ del Rímac dominaron a los maestros del Plata y les dieron una lección de lo que es fútbol y pundonor.
'Huaki' Gómez Sánchez, autor de dos goles, sale del campo de juego luego del empate de la selección peruana contra la argentina mientras detrás quedan Terry, Rivera y Navarrete celebrando el partido realizado (Recorte: diario La Crónica)¡Qué fútbol, amigos! ¡Qué dominio! ¡Qué risa cuando (Óscar) ‘Huaki’ (Gómez Sánchez) dejaba en el suelo a Lombardo! ¡Qué saltos cuando (Guillermo) Delgado salvaba de chalaca! ¡Qué alegría cuando (Alberto) Terry se dribleaba a media defensa argentina! ¡Qué orgullo cuando (Carlos) Lazón controlaba al wing Cruz! ¡Qué momentos! ¡Cómo se repitieran!
¡Perú… Perú… Perú…! Gritaba un grupo de quince o veinte en un extremo del estadio. Eran peruanos. Lucían una gran bandera rojiblanca. Yo en la caseta de Radio La Crónica. Había empatado Perú 1 a 1 por gol de Gómez Sánchez. No pude más. No podía frenar mi entusiasmo, mi alegría, mi orgullo, mi afición futbolística. Bajé a las graderías. Diez metros más allá y estaba al lado de seis peruanos. Vino otro. Éramos siete. (Cornelio) Heredia dominaba a Cecconatto. Vino otro. Éramos ocho. Delgado rechazaba con calidad. Uno más. Ya éramos nueve. (Luis) Navarrete disparaba. (Máximo) Vides (Mosquera) hizo su bicicleta. (Roberto) Tito (Drago) pasó la pelota por entre las piernas de Sola. Llegamos a ser doce. Y dale que dale. ¡Perú… Perú… Perú! ¡Estaba jugando el Perú! ¡Se olvidaba uno de todo. Se olvidaba de que estaba lejos la patria, de que el rival era Argentina, que hacía frío, que no había movilidad para el hotel. ¡No importaba!
¡No había gargantas! ¡Todos de pie! Hasta los chilenos. Los argentinos se miraban entre ellos. No podían creer que era verdad lo que veían.
El vestuario de Perú albergó también parte de la alegría luego del empate contra Argentina destacando, entre otros, Guillermo Delgado, 'Toto' Terry y 'Tito' Drago (Recorte: diario La Crónica)¡Qué partido, amigos! ¡Qué noche de gala para el fútbol peruano! ¡Qué valentía para reaccionar! Hizo gol Ceconatto. ¡Mudez en el estadio! Y cuando pareció que Perú se echaba de nuevo: Tito a Vides, Vides a Huaqui, dribling a Colman, disparo a Musinesi. ¡Así jugaba Perú! ¡Como nunca antes jugó, ni nunca más jugará!
Ya no éramos doce los que gritábamos. Éramos 30 mil. Pero, 29 mil, porque habrían mil argentinos que se comían las uñas en el Estadio. ¡Perú… Perú… Perú! Rojos por la fuerza con que gritábamos. Ronco como el que más. Alegres como unas pascuas. ¡Y se perdía 2 a 1!
De pronto, toma Tito, a (Germán) Colunga, a Navarrete, este centra sobrándose, entra a la carrera Gómez Sánchez y de izquierda dispara cruzado. ¡Golllll peruano! ¡Gollll de Huaki! ¡Hasta en Lima deben haberse oído nuestros gritos de gol!
¡Y otro disco! Terry a Vides, Vides a Tito, Tito a Terry. ¡El trío mágico! Mandrake contra Argentina! ¡Qué fútbol! ¡Qué River! ¡Qué Millonarios ni qué Vasco! ¡Perú… Perú… Perú!
Terminó el partido. Bajamos las gradas. ¿Las gradas? ¡Por las bancas, entre el público, cantando el Himno Nacional, pese a los palos de los carabineros. Estábamos a 20 metros del campo. Ya llegábamos al césped. Uno lo besa, otro se resbaló, no supo que estaba algo mojado. Otro corrió a besar a Gómez Sánchez, uno más le quitó la gorra a (Luis) Suárez, Terry se quedó sin número. Todos cantaban: ¡Perú… Perú… Perú!
¡Noche del 16 de marzo de 1955! ¡Ojalá que vuelvas!
Maravilloso artículo de Pocho,mi papi!
Qué momento tan grande leer esta crónica de mi papi.
Aquí ya no está solo el hijo que escribe a casa… aquí está el hombre que encontró su voz para todo un país.
Ese “¡Perú… Perú… Perú!” no es solo un título es un grito que atraviesa el papel, que todavía hoy se escucha. Es emoción pura convertida en palabra. Mi papi no estaba contando un partido… estaba viviendo algo colectivo, algo más allá del futbol y se volvía orgullo.
En este artículo se siente algo muy especial: la transición. Ya no es solo la vivencia intensa de 1949… aquí hay sensibilidad, sabe qué contar, cómo decirlo y, sobre todo, cómo hacer que quien lo lea lo sienta igual. Eso no se aprende… eso nace.
Y qué impresionante pensar en la época sin tecnología, sin inmediatez y sin embargo logra transmitir una emoción que hoy, tantos años después, sigue intacta. Eso es lo que diferencia a los grandes: escriben para su tiempo… pero permanecen para siempre.
Hay una ternura escondida también… porque detrás de ese periodista que narra con fuerza, sigue estando ese muchacho que se emocionaba hasta no poder dormir, el que defendía lo suyo, el que sentía cada gol como algo propio.
Mi papi no solo escribió uno de sus mejores artículos… escribió uno de esos textos que se quedan a vivir en la memoria de un país.
Y leerlo hoy, tiene algo aún más bonito: no es solo historia es herencia.
11/09/2026
¿Cuántos artículos habrá escrito mi viejo?
Alguna vez se lo pregunté a Carlitos Enciso, que en paz descanse. Su respuesta fue sencilla:
“Lucita, es incalculable”.
Y creo que tenía razón.
Pocho comenzó a escribir en periódicos desde 1947. Después vinieron sus revistas, sus columnas, las crónicas, las grandes coberturas y aquellos viajes en los que un solo acontecimiento podía convertirse en varios artículos.
Mundiales, Sudamericanos, Copas América, Eliminatorias, Juegos Olímpicos, Libertadores, boxeo, grandes figuras, partidos inolvidables… y también esas historias pequeñas que a él tanto le gustaba rescatar: la anécdota, el personaje, lo que ocurría fuera de la cancha.
Nunca sabremos cuántos artículos escribió. Quizás ni siquiera podamos acercarnos a una cifra.
Yo he leído hasta el infinito, y todavía sigo encontrando textos que no conocía. Cada vez que aparece uno nuevo siento que vuelvo a conversar con él.
Porque así era mi viejo: apasionado, observador, curioso y profundamente enamorado del periodismo y del deporte.
Tuvo el privilegio de ver pasar ante sus ojos varias generaciones del fútbol peruano y mundial. Pero, sobre todo, tuvo el enorme don de contarlo.
Y hoy, tantos años después, sus palabras siguen apareciendo para recordarnos que Pocho no solamente vivió una época extraordinaria del deporte, nos lo contó!
09/09/2026
Esto es es oro para mí,como hija,mi viejo fue mi ídolo.
Aquí escucho a mi papi hablando de sí mismo, de niño, del colegio y de cómo casi sin darse cuenta terminó viviendo el periodismo. Nadie me lo cuenta mejor que él, un beso al cielo viejito,con esta crónica recuerdo todo lo que escuché a mi abuela y tías…
Pocho:
“Dicen que yo nací periodista”
No lo сres. Porque cuando me quemaban en casa la colección de ”Gráficos”, enviándolos al horno porque me escapaba al fútbol y no me quedaba estudiando, no piensas ser periodista.
Cuando me sacó el Padre Anselmo de la clase porque descubrió que, en vez estudar el Atlas de la Geografía, había puesto una colección de “Estadio” con el forro del Atlas mencionado, no soñaba ser director de una sección deportiva.
Tampoco cuando entraba al Estadio con nombre falso —decía que era hijo del Jefe de Controles, Taramona— para no pagar entrada.
Ni pensaba dirigir un programa radial cuando me iba a la cancha número dos del Estadio —escapándome del Colegio por la famosa Huerta— a ver como le choteaba Alejandro Villanueva a Juan Valdivieso o “LOLO” Fernández al “Chueco” Honores —soy padrino de su hijo Néstor—.
Pensar que, a la salida del Colegio, pasábamos por la Municipalidad de Lima y ubicarnos en la ventana donde trabajaba Honores.
¡Y quién diría que con los años llegaría a laborar a La Crónica junto con Juan Honores, una noche del año 49, fundaramos la Sección Deportes de “Ultima Hora”, a pedido del gordo Villaran, el hincha número uno de ese genio del futbol que fue Carlos Gómez Sanchez!
Vine A pensar ser periodista deportivo allà por el 45, en el último año del colegio Colegio, cuando escribía en el Boletin “recoletano”, aunque me tento una vez escribir en La Prensa. реro Carlos Palacios —que hoy trabaja en La Crónica conmigo— le iba a contar mi papá inquietudes deportivas, sabiendo que me las prohibían.
Iba mucho a todo lo que sea deportes. Recuerdo que el primer match que vi en mi vida fue el Sao-Cristoval-Alianza, Sao-Cristóbal-“U”, aquel del maravilloso match de Carlos Tovar.
Solo me dejaban ir con Eduardo, Remito Airaldi. Son mis primos y no pensaba, viendo a ese Newells Old Boys de Pontoni o al Banfield que lo reforzó Lolo y jugaban además Jorge Alcalde, José Soriano y Teobaldo Guzmán, ser periodista deportivo.
Perol admitía que era deporte el calchascan.
Y al salir del Colegio, preparaba mientras ingreso a la esculca de Ingenieros, escribi de “Catchascán” en “Comercio” de la tarde, en época que escribia su Columna ”Amigo Olimpico”.
Y las notas de Roca. Búfalo, Vicente García. El Peta, Amenaza, Yanqui, Chiclayano y Olson eran las que dominaba.
Hasta que produjo el ingreso a “La Cronica” y gracias a una gestión fue de Alberto Velarde con Pedro Morales y que ocurricra el 26 de noviembre del 47, la que Remitió que me iniciara en el diario.
Escribía antes en “Sport”, en “Equipo”, bajo el seudónimo de “ARR”. O sea, mis iniciales iniciales para despistar a mi familia y a Carlos Palacios, que corriendo iba a contarle todo a mi padre.
Escribía como “PRISMA”. 0 sea, algo de las matemáticas.
La primera nota fue la partida de Perú a Guayaquil.
Es decir, ya en “La Crónica de la Tarde”, que antes de ingresar sacaba centrales religiosas cargo de César Guillermo Corzo.
Se metió duro el deporte en esa edición.
Estaba Pepe Ludmir escribiendo, lo mismo que el “Capitán” Nieves y de Jorge Avendaño fotógrafo.
Las fotos las desarrollaba en su casa y las mejores eran las ”tiradas de Legario” y las “entradas de Valeriano López”.
09/09/2026
Gracias al Juan Carlos Esteves por este envío.
Leyendo estas tres páginas siento que no estoy leyendo solamente un artículo: estoy escuchando a mi papi conversar, contando y riéndose de sus anécdotas y nosotros escuchándolo en la sala de la casa antes de almorzar.
Pocho recuerda 25 años de periodismo como quien abre un álbum de su propia vida. Nombres, partidos, viajes, aeropuertos, madrugadas escribiendo, fotografías que había que enviar a tiempo, grandes figuras del deporte y también pequeñas anécdotas que para él tenían el mismo valor, porque detrás de cada campeón había una persona y una historia que contar. Me emociona verlo recordar a Pelé, a Lolo, a Valeriano, a Cubillas, a Mauro Mina y a tantos otros. Pero también encontrar en estas páginas momentos íntimos: una fotografía con mi hermano Juan Carlos, muy jóvenes los dos, sus sueños de Pocho muchacho de ser arquero, sus amistades, los compañeros de tantas campañas y los reconocimientos recibidos después de tantos años de trabajo.
Hay una frase que está clavada en mi corazón:
“Pocho no sentía que trabajaba, porque hacía aquello que amaba”.
El deporte fue su pasión, pero el periodismo fue la manera que encontró para compartirla con todo el Perú.
Viajó, escribió, transmitió, investigó, preguntó, celebró y también sufrió junto a nuestros deportistas. Y lo hizo siempre con esa curiosidad que nunca perdió: quería saber qué había pasado en la cancha, pero también quién era el hombre que estaba detrás del jugador.
Hoy, más de medio siglo después de estas páginas de 1972, me impresiona su memoria era inmensa, pero más grande todavía era su entusiasmo.
Como hija, estas crónicas son un regalo. Me permiten volver a escucharlo, volver a encontrarlo y comprender un poquito más por qué tantas personas todavía lo recuerdan con cariño.
25 años en La Crónica en aquel momento… y toda una vida dedicada a contar el deporte. Siempre Pocho. Un beso al cielo.
09/09/2026
08/09/2026
JUAN NAKAJATA AYLLÓN: GOLES Y VOCACIÓN
Juan Nakajata fue uno de esos futbolistas que hoy resulta maravilloso recordar. Delantero habilidoso y goleador, tuvo que abrirse camino en una época en que las delanteras peruanas estaban llenas de grandes nombres.
Pasó por Alianza Lima y formó parte del plantel campeón de 1962. Después defendió al Defensor Arica, con el que estuvo en el histórico ascenso a Primera División de 1964, y continuó dejando su fútbol en otros equipos del campeonato peruano.
En 1957 también vistió la camiseta peruana en un encuentro ante Chile en el Estadio Nacional. Perú empató 1-1 y el gol peruano fue precisamente de Nakajata.
Pero quizá lo más admirable fue que nunca abandonó sus estudios. Mientras jugaba profesionalmente siguió Medicina Veterinaria en San Marcos, se graduó y posteriormente desarrolló una importante carrera profesional vinculada a la salud pública y al Centro Antirrábico de Lima.
Futbolista, goleador y médico veterinario. Una de esas historias de nuestro fútbol que merecen no perderse.
Y qué lindo que Manuel Enrique Paredes Gonzales nos deje además el recuerdo de aquel muchacho que esperaba pacientemente su oportunidad en Alianza, rodeado de enormes delanteros, hasta conseguir llegar al equipo titular.
Yo añadiría al final una pequeña frase muy del espíritu de tu muro: “Seguramente Pocho lo vio jugar muchas veces. Si alguno de ustedes lo vio en la cancha o conserva alguna anécdota de Juan Nakajata, nos encantaría leerla.” Eso puede hacer aparecer recuerdos de seguidores que todavía lo vieron jugar.
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